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¿Por qué me atrae alguien más? La verdad científica detrás del deseo en relaciones largas

Sentir atracción por alguien que no es nuestra pareja suele generar miedo, culpa o confusión. Sin embargo, la ciencia y la psicología coinciden en algo fundamental: no es extraño ni anormal. El deseo humano no sigue una línea recta; evoluciona con el tiempo, responde a impulsos biológicos y se ve moldeado por contextos emocionales y sociales. En relaciones largas, donde la rutina y las responsabilidades se acumulan, es común que aparezcan nuevas sensaciones o curiosidades hacia otras personas. No significa falta de amor, sino un funcionamiento natural del cerebro y de la vida emocional.

Uno de los fenómenos más estudiados son las llamadas “edades bisagra”: los 29, 39, 49 o 59 años. Distintos expertos señalan que estos cierres de década actúan como disparadores internos. Son momentos de evaluación personal en los que muchos buscan validar su identidad, reconectar con su deseo o cuestionar el rumbo de su vida afectiva y sexual. En estas etapas de transición, la atracción externa puede convertirse en un reflejo de inquietudes más profundas.

Las cifras respaldan esta tendencia. En Colombia, Gleeden —plataforma de encuentros no monógamos creada por y para mujeres, con más de 600.000 usuarios en el país— muestra que quienes buscan explorar fuera de la relación son más jóvenes que en Europa. Las mujeres colombianas registran una edad promedio de 32,12 años, mientras que los hombres alcanzan los 33,69. En contraste, en Francia y España las edades se acercan a los 39 y 40 años. Esta diferencia evidencia que, en Latinoamérica, los cuestionamientos afectivos y las crisis del deseo suelen aparecer antes, en una etapa donde estabilidad y exploración todavía se están negociando.

Para profundizar en este fenómeno, la psicóloga y sexóloga Flavia Dos Santos —experta y vocera de Gleeden— explica que la monogamia no es una norma biológica, sino una construcción cultural. A lo largo del tiempo se nos ha enseñado a pensar que el deseo debe concentrarse en una sola persona, aunque la biología cuente otra historia. Según Dos Santos, el deseo es una pulsión autónoma que no siempre responde a nuestras decisiones racionales: por más renuncias voluntarias que intentemos mantener, esa fuerza puede surgir con intensidad porque forma parte esencial de nuestra naturaleza.

La rutina, el aburrimiento y el entorno íntimo también influyen. Cuando la vida cotidiana se vuelve predecible, el cerebro busca estímulos y novedades. Aparecen fantasías, pensamientos o curiosidades que, por sí solos, no representan una amenaza para la relación. El problema surge cuando la insatisfacción emocional es tan persistente que eclipsa el bienestar general. En esos casos, la balanza afectiva comienza a mostrar pérdidas: falta de conexión, resentimiento o sensación de estar fuera de lugar. Ese punto crítico invita a revisar lo que realmente está ocurriendo, más allá del deseo en sí.

Para Dos Santos, la clave para mantener vivo el deseo dentro de la relación está en la curiosidad. Muchas parejas creen que lo conocen todo del otro, pero esa idea es una ilusión. Igual que cada persona cambia a diario, también lo hace la manera de vivir, sentir y desear. Mantener el interés genuino por la pareja —descubrirla una y otra vez— es fundamental para sostener la conexión.

Entonces, ¿qué hacer si aparece la atracción por alguien más? La sexóloga insiste en abandonar la culpa: es natural sentir deseo por otra persona aun amando profundamente a la pareja. Amor y deseo no siempre caminan juntos, y reconocerlo permite tomar decisiones más conscientes. La pregunta central es: ¿qué es lo más importante para mí en este momento de mi vida?

Aceptar que el deseo cambia no es una amenaza, sino una oportunidad para dialogar, reconectar y construir vínculos más auténticos.

Gleeden, plataforma pionera en encuentros extraconyugales y no monógamos fundada en Francia en 2009, ofrece un espacio seguro y confidencial para explorar la diversidad relacional. Con más de 13 millones de usuarios, promueve la autonomía, el empoderamiento femenino y la libertad para vivir el deseo sin tabúes.

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