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“El Testimonio de Ann Lee”: 6 secretos de su impactante recreación histórica que sorprenden en el cine

La película El Testimonio de Ann Lee, protagonizada por Amanda Seyfried, llega a los cines el 9 de abril con una propuesta visual que ha cautivado tanto a críticos como a amantes del cine histórico. Dirigida por Mona Fastvold, la producción narra la vida de Ann Lee, fundadora de la comunidad shaker en el siglo XVIII, y se destaca por una ambientación de época meticulosamente construida que transporta al espectador a otro tiempo.

Thomasin McKenzie and Amanda Seyfried in THE TESTAMENT OF ANN LEE. Photo courtesy of Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures All Rights Reserved.

Uno de los aspectos más llamativos del film es su estética visual, inspirada en el dramatismo del pintor Caravaggio. Ante la falta de registros históricos sobre la infancia de Ann Lee en el Manchester preindustrial, el equipo creativo recurrió a referencias artísticas para recrear un entorno crudo, marcado por la pobreza y el caos. También se apoyaron en la obra de William Hogarth, conocido por retratar la vida de las clases bajas en Inglaterra con gran realismo.

Otro dato sorprendente es que ciudades clave como Manchester y Nueva York fueron recreadas en Hungría. Cerca de Budapest, el equipo construyó escenarios físicos combinados con efectos digitales para dar vida tanto a la Inglaterra del siglo XVIII como a la Norteamérica colonial. Incluso una finca húngara del siglo XIX sirvió como el asentamiento shaker en Albany, demostrando el nivel de detalle en la producción.

El vestuario es otro de los grandes protagonistas de la película. Cientos de trajes fueron confeccionados a mano por la diseñadora Małgorzata Karpiuk y su equipo, logrando una autenticidad excepcional. A diferencia de muchas producciones, aquí se alquilaron muy pocas prendas, lo que permitió crear una identidad visual única y coherente con la época.

Para lograr mayor precisión histórica, el equipo visitó Hancock Shaker Village, una antigua comunidad dedicada a preservar la cultura shaker. Allí estudiaron su filosofía, arquitectura y estilo de vida, elementos que luego se reflejan en la escenografía, el mobiliario y la narrativa del film.

Las escenas del viaje en barco, que muestran la travesía de Ann Lee hacia América, fueron de las más complejas de rodar. Filmadas en Suecia sobre una réplica de una embarcación del siglo XVIII, implicaron condiciones extremas para el elenco, incluyendo lluvia, frío y movimientos constantes que aumentaron el realismo de la experiencia.

Finalmente, uno de los momentos más impactantes de la película fue su desenlace, que solo pudo filmarse una vez. La producción construyó una casa completa para luego incendiarla en una escena controlada con cientos de tanques de combustible. Este desafío técnico requirió una planificación milimétrica, ya que no había margen de error: una vez iniciado el fuego, no había posibilidad de repetir la toma.

Con estos detalles, El Testimonio de Ann Lee se posiciona como una de las películas de época más destacadas del año, combinando historia real, arte y una producción visual impresionante. Su cuidada ambientación no solo enriquece la narrativa, sino que también convierte cada escena en una experiencia inmersiva que conecta al espectador con el pasado.

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